Aferrado a la fachada de la Torre Nittele en el distrito de Shiodome, en Tokio, se encuentra una de las obras de arte público más deliciosamente surrealistas del mundo: el Gran Reloj Ghibli, diseñado por el legendario animador Hayao Miyazaki. Más que un simple mecanismo para medir el tiempo, este enorme artilugio estalla en intervalos programados en una coreografía de engranajes, puertas oscilantes, figuras danzantes y sorpresas caprichosas que parecen sacadas directamente del taller de algún benévolo mago. Es gratuito, accesible a cualquier transeúnte de uno de los distritos más modernos de Tokio, y ofrece unos preciosos minutos de puro encantamiento entre torres de cristal y carteles digitales. El reloj es un recordatorio de que incluso en la ciudad más hipertecnológica del mundo, una sola obra de imaginación puede hacer que cada viajero se detenga, mire hacia arriba, y se sienta por un instante como un niño otra vez.