Pocas personas conocen Grecia tan bien como quienes la han vivido día a día durante años — y una editora de Condé Nast afincada en Atenas ha elaborado su lista definitiva de destinos griegos, combinando maravillas antiguas con descubrimientos contemporáneos. Desde las abrasadas islas del Egeo, donde las paredes encaladas brillan doradas al atardecer, hasta las salvajes montañas del Peloponeso que esconden monasterios bizantinos y castillos francos, Grecia se revela en capas a quienes están dispuestos a mirar más allá de lo obvio. El norte continental del país alberga lagos volcánicos, mezquitas otomanas y bosques primigenios que parecen pertenecer a otro mundo, lejos de la ruta turística habitual. Incluso la propia Atenas, a menudo descartada como mero punto de paso hacia las islas, es una ciudad de barrios interminables donde cada esquina revela un nuevo fresco, un antiguo ágora subterráneo, o una taberna en la terraza con vistas a la Acrópolis suspendida en mármol eterno. Esta es la Grecia para quienes quieren ser genuinamente sorprendidos.