A unos cincuenta kilómetros al norte de Baker, California, un arroyo fluye en el paisaje árido como una alucinación geológica. Salt Creek nace en el Valle Siluriano y fluye hacia el norte hasta el río Amargosa, pero debido a la extrema aridez, ambos cursos de agua fluyen mayormente bajo tierra. Aquí, la roca madre superficial obliga al arroyo a salir a la superficie, tallando un canal a través de roca antigua en uno de los entornos más inhóspitos de la Tierra. Esta agua superficial fue crucial para la vida silvestre y las poblaciones humanas — Salt Creek fue una parada en el antiguo Camino Español que conectaba Los Ángeles con Santa Fe a principios del siglo XIX. Las colinas circundantes albergan ruinas y vestigios mineros de una época en que los minerales preciosos atraían a prospectores al paisaje extremo del desierto.